Tengo en mis manos un documento histórico que se realizó desde la FVN conmemorando el cincuenta aniversario de la natación valenciana teniendo una federación oficial.
Las fechas de este 50 aniversario data desde 1929 hasta 1979.
A tipo de revista especial se distribuyen varios artículos narrando y describiendo cómo fueron los incicios de la natación valenciana antes y durante la existencia de la federación Valenciana. Es un repaso de un pequeño fragmento de la historia del deporte de la natación y cómo fué vivído por todos los agentes participantes. Desde que se crea el colegio de árbitros de la FVN, la creación de los clubs de la época, narración de lo vivido por nadadores/as, árbitros, presidentes de clubs, etc. Hay fotografías de la época muy emotivas que traeran la sonrisa a más de uno/a.
En un primer post de la historia de la natación valenciana comenzaremos por la creación de nuestro club.
CLUB NATACIÓN FERCA-SAN JOSÉ: Prestigio para la natación valenciana.
En el patio central de la finca de la Cooperativa de Agentes Comerciales sita al final de la Gran Vía de Fernando el Católico, existe una piscina de 25m y una pista polideportiva. Por iniciativa de los copropietarios de dicha finca y con miras a obetener un rendimiento deportivo de las mencionadas instalaciones, buscando además la unión de todos los adjudicatarios y usuarios de las viviendas, y para alcanzar una convivencia social, deportiva y cultural, se llegó a la fundación del Club Fernando el Católico del Grupo de Casas Baratas de Agentes Comerciales (conocido popularmente como FERCA,nombre resultante dela unión de las primeras sílabas de FERnando CAtólico), hecho acaecido el 14 de mayo de 1955, por lo que el año próximo (1980) celebraremos las bodas de Plata.
Desde un principio se comenzó a practicar los siguientes deportes: Natación, Balonmano, Patinaje, Hockey sobre patines; con equipos federadosen sus respectivas Federaciones. Bajo el nombre de FERCA se practicó el motorismo, cupiendo el honor de contar con un repetido campeón nacional: César Gracia.
Sin embargo, ha sido siempre la natación, de la mano sucesivamente de José Monfort, su hermano Luis, y Manuel Barrachina, la que en todo momento ha mantenido y dado la razón de ser y existir.
Apenas transcurrido un mes desde su fundación, se estimó que el FERCA, por su condición derivada de una cooperativa, y que por tanto estaba adscrita a la Obra sindical de Cooperación, dispondría de ciertas ventajas al integrarse en "Educación y Descanso". Por tal motivo su nueva denominación fue la de Grupo de Educación y Descanso Fernando el Católico FERCA.
El 4 de julio de 1958 pasa a denominarse Club Natación Terraza Ferca. En los primeros años de la década de los sesenta, nuestra actividad se desarrolla en la pileta del Patronato de la Juventud Obrera. El nombre de Club Natación Terraza Ferca perduró hasta 1968, fecha en que debido a la construcción de la actual Estación Central de Autobuses, debimos abandonar la piscina del patronato. Este hecho nos hizo entrar en contacto con las Escuelas Profesionales San José, donde fuimos favorablemente acogidos. Este acontecimiento dio lugar a que nuestra entidad pasara a denominarse Club Natación Ferca-San José.
Continuará
David Argente Checa
miércoles, 7 de agosto de 2013
sábado, 27 de julio de 2013
De viajes Natatorios: Vemos mundo con el deporte de la Natación
Una de las grandes ventajas que tuvimos al estar en un club de natación como era el Ferca San José fueron los viajes a otros pueblos, ciudades e incluso países para competir.
Para mi niñez y luego juventud era siempre una satisfacción viajar con el equipo a otras piscinas, a otros lugares y conocer otros nadadores y nadadoras. Se creaban vínculos distintos con sólo salir de nuestra pileta y compartir un viaje en autobús.
Los viajes eran grandes acontecimientos que seccionaban radicalmente la rutina y monotonía de nuestros días de escuela y entrene. Sobre todo por qué podían ser en cualquier estación/mes del año. Ya bien campeonatos de invierno, de verano, entrenes/stach de semana santa, etc.
foto: David, Rocio, Pedro y Bengo
Viajábamos en coche de papá, en autobús (grande el autobús Jiménez y su conductor), en barco e incluso en avión (La primera vez que subí a un avión fue al ir a unos campeonatos de España por edades a Mallorca. A la vuelta pensaba que moriríamos todos por las turbulencias).
Los viajes sacaban todo lo mejor del grupo. El compañerísmo, la ayuda ante cualquier problema, las novatadas, los ánimos a la hora de la prueba, los concursos de comer más o peor, etc.
Se que todos vosotros tenéis viajes inolvidables y que os marcaron positivamente, ya fuera por un buen resultado en la competición, por una nueva amistad creada, por una diversión sin igual con el grupo o por cualquier otra cosa.
foto: Viaje a Oporto (Portugal)
Quiero confesaros que uno de los viajes que más me marcaron a mi, fue una competición que nos invitaba todos los años el CN Sabadell a su increíble recinto deportivo. Era una especie de open y se realizaba en las vacaciones de navidad. Invitaban a equipos de nivel de toda España y algunos clubs extranjeros. El ambiente vivido en la pileta era increíble. Una buena organización, buenas amistades y lo que más me marcó fue la ciudad de Sabadell en navidad. Me encantaba pasear después de la competición por sus calles, tomarme un cacaolat caliente y observar la decoración navideña de las tiendas del paseo. Sensación de bienestar.
Durante nuestra época de nadadores hubieron muchos viajes míticos por mil razones. Espero que compartáis alguno.
David Argente.
Para mi niñez y luego juventud era siempre una satisfacción viajar con el equipo a otras piscinas, a otros lugares y conocer otros nadadores y nadadoras. Se creaban vínculos distintos con sólo salir de nuestra pileta y compartir un viaje en autobús.
Los viajes eran grandes acontecimientos que seccionaban radicalmente la rutina y monotonía de nuestros días de escuela y entrene. Sobre todo por qué podían ser en cualquier estación/mes del año. Ya bien campeonatos de invierno, de verano, entrenes/stach de semana santa, etc.
foto: David, Rocio, Pedro y Bengo
Viajábamos en coche de papá, en autobús (grande el autobús Jiménez y su conductor), en barco e incluso en avión (La primera vez que subí a un avión fue al ir a unos campeonatos de España por edades a Mallorca. A la vuelta pensaba que moriríamos todos por las turbulencias).
Los viajes sacaban todo lo mejor del grupo. El compañerísmo, la ayuda ante cualquier problema, las novatadas, los ánimos a la hora de la prueba, los concursos de comer más o peor, etc.
Se que todos vosotros tenéis viajes inolvidables y que os marcaron positivamente, ya fuera por un buen resultado en la competición, por una nueva amistad creada, por una diversión sin igual con el grupo o por cualquier otra cosa.
foto: Viaje a Oporto (Portugal)
Quiero confesaros que uno de los viajes que más me marcaron a mi, fue una competición que nos invitaba todos los años el CN Sabadell a su increíble recinto deportivo. Era una especie de open y se realizaba en las vacaciones de navidad. Invitaban a equipos de nivel de toda España y algunos clubs extranjeros. El ambiente vivido en la pileta era increíble. Una buena organización, buenas amistades y lo que más me marcó fue la ciudad de Sabadell en navidad. Me encantaba pasear después de la competición por sus calles, tomarme un cacaolat caliente y observar la decoración navideña de las tiendas del paseo. Sensación de bienestar.
Durante nuestra época de nadadores hubieron muchos viajes míticos por mil razones. Espero que compartáis alguno.
David Argente.
martes, 9 de julio de 2013
La entrega de trofeos
Una vez al año se celebraba la entrega de trofeos correspondientes a los logros que cada uno había conseguido el año anterior. La ceremonia se hizo en distintos lugares, pero el más emblemático era el salón de actos del colegio de los jesuitas, que era donde nuestra club tenia su sede social y piscina.Los preparativos para tan magno evento se estudiaban por parte de cada uno de nosotros y que en su mayor parte consistía en escoger, con semanas de antelación, una buena vestimenta para la ocasión. Ni que decir tiene, que siendo los años 70 y 80, década más o menos, nuestra apariencia se semejaba muy de cerca a la de pequeños “Ninos Bravos” y pequeñas “MariTrinis” sin olvidar a Demis Ruossos o a Mocedades, en los años 70 y en la de los 80 intentando vestir como Alaska y dinarama, Miguel Rios, Hombres G o Loquillo y los trogloditas.
Antes de entrar al salón de actos, llegábamos al aparcamiento del colegio y se creaban corros en el que se charlaba un poco de la ropa que lucíamos cada uno y otros asuntos del día.
Una vez dentro del salón, nos acomodábamos en “manadas” bien definidas con el criterio de edad y género.
Dicha entrega de premios, no se realizaba únicamente a nadadores. También subían a recoger su premio, los ganadores de frontón, “futbito” y truc, además de las madres o padres ganadores del concurso de paellas, celebrados con el mismo esfuerzo e ilusión que las demás competiciones oficiales.
Para que la persona que tenía que subir al escenario a recoger su trofeo supiese cuando hacerlo, había siempre un miembro de la directiva del club, que micrófono en mano, nos llamaba paulatinamente, según competición e importancia de la misma, siendo siempre llamados en último lugar con un tono más solemne y pausado, los que habían realizado algún record del club, regional o de españa, o quedado en primer lugar en competiciones nacionales o internacionales.
En el momento que anunciaban tu nombre, sabias que decenas de personas ponían la vista sobre tí y si durante el trayecto de ida y vuelta a tu butaca, cometías el grave error de tropezar, resbalar o hacer alguna metedura de pata con tu trofeo, las risillas estaban aseguradas, tanto como el color rojizo de tu cara o tu cerebro pensando amargamente...”tierra trágame”.
Una vez finalizado el acto de entrega de trofeos, nos dirigiamos a comer a un restaurante contratado con anterioridad para acoger a la mayoría de personas que habíamos asistido y si teníamos suerte y resultaba ser un restaurante bufé libre, se solían hacer competiciones de platos vacíos, cosa que asombraba y divertía a todos, a partes iguales.
Como muchos otros eventos que se realizaban únicamente una vez al año, la entrega de trofeos siempre creaba expectación dentro del club y afortunadamente era uno de los actos más fotografiados. Ha pasado media vida desde que nos entregaron esos premios. Algunos descansan en cajas o sobre algún sitio de honor de la casa. Nos sentimos muy orgullosos de ellos. No olvidamos que nos fueron entregados en aquellos maravillosos años.
Arturo Liberos.
miércoles, 19 de junio de 2013
De Bañadores y Trajes de Baño
En la larga vida de todo nadador hay un amigo fiel que está supeditado a las modas, el desgaste e incluso a la motivación a la hora de entrenar o competir. Es nuestro querido bañador o como los antiguos llamaban traje de baño.
Este artilugio indispensable está sujeto a muchos factores en la vida cotidiana del deportista. En los inicios de mi época de nadador activo no había el mercado tan extenso que hay ahora. Las marcas conocidas no sacaban muchos modelos y tener dos bañadores era una especie de lujo.
Las modas vuelven.
Recuerdo que los bañadores tenían una larga vida. Entrenabas con el más viejo que tuvieras hasta que se caía a pedazos. Cuando estaba muy pasado por el cloro, te ponías otro encima aún más desgastado, ibas con doble capa. Esto suponía dos cordones que atar y un suplemento en el arrastre a la hora de entrenar.
Uno de mis recuerdos especiales de mis inicios en el mundo de la competición era que en mi familia teníamos un ritual. El mismo día de una competición importante íbamos a una tienda de deporte (que no había muchas) y me compraban un bañador Nuevo. En mis largas conversaciones sobre estos recuerdos de niñez natatoria, mi amigo Arturo (coautor de este magnífico Blog) comentaba como ibas a la tienda, te probabas tres o cuatro bañadores y con cada uno de ellos salías en mitad de la tienda para que tu madre o padre diera el visto bueno de como te quedaba el bañador. Sin pudor alguno.
Burguete, Bolinches, Ferrer y Ona
Por la tarde, a la hora de la competición, en el calentamiento previo, te ponías los bañadores viejos. Te cambiabas y te ponías tu flamante bañador nuevo y seco para esperar la hora de tu prueba.
Psicológicamente, competir con un bañador nuevo, era un refuerzo positivo. Este bañata te lo ponías sólo en los grandes eventos, hasta que poco a poco iba envejeciendo por el desgaste y pasaba a tu bolsa de entrenamiento y se emparejaba con uno igual o más estropeado.
Ahora hay un amplio abanico de marcas y modelos de bañadores. Más caros y más económicos. Más resistentes y menos. Pero yo siempre recordaré a mis trajes de baño que me acompañaron en mis deslizamientos por muchas piletas de toda la geografía española.
David Argente
PD: Las fotos son de antiguos nadadores del Ferca San Jose.
Este artilugio indispensable está sujeto a muchos factores en la vida cotidiana del deportista. En los inicios de mi época de nadador activo no había el mercado tan extenso que hay ahora. Las marcas conocidas no sacaban muchos modelos y tener dos bañadores era una especie de lujo.
Las modas vuelven.
Recuerdo que los bañadores tenían una larga vida. Entrenabas con el más viejo que tuvieras hasta que se caía a pedazos. Cuando estaba muy pasado por el cloro, te ponías otro encima aún más desgastado, ibas con doble capa. Esto suponía dos cordones que atar y un suplemento en el arrastre a la hora de entrenar.
Uno de mis recuerdos especiales de mis inicios en el mundo de la competición era que en mi familia teníamos un ritual. El mismo día de una competición importante íbamos a una tienda de deporte (que no había muchas) y me compraban un bañador Nuevo. En mis largas conversaciones sobre estos recuerdos de niñez natatoria, mi amigo Arturo (coautor de este magnífico Blog) comentaba como ibas a la tienda, te probabas tres o cuatro bañadores y con cada uno de ellos salías en mitad de la tienda para que tu madre o padre diera el visto bueno de como te quedaba el bañador. Sin pudor alguno.
Burguete, Bolinches, Ferrer y Ona
Por la tarde, a la hora de la competición, en el calentamiento previo, te ponías los bañadores viejos. Te cambiabas y te ponías tu flamante bañador nuevo y seco para esperar la hora de tu prueba.
Psicológicamente, competir con un bañador nuevo, era un refuerzo positivo. Este bañata te lo ponías sólo en los grandes eventos, hasta que poco a poco iba envejeciendo por el desgaste y pasaba a tu bolsa de entrenamiento y se emparejaba con uno igual o más estropeado.
Ahora hay un amplio abanico de marcas y modelos de bañadores. Más caros y más económicos. Más resistentes y menos. Pero yo siempre recordaré a mis trajes de baño que me acompañaron en mis deslizamientos por muchas piletas de toda la geografía española.
David Argente
PD: Las fotos son de antiguos nadadores del Ferca San Jose.
miércoles, 5 de junio de 2013
La travesía del puerto
Lo primero que percibías nada mas llegar al puerto
era el olor inconfundible a mar, aceite industrial, gasóleo de barco
y un poco de pescado. Todo el mundo sentía como ese característico
aroma penetraba dentro de cada uno de nosotros y que ayudaba, a que
una vez que subíamos al barco, se convertiese en ocasiones, en un
pequeño mareo.
Esta curiosa competición, que aun se realiza, era
siempre en verano y consistía en nadar sin parar una cantidad de
metros específica que variaba según edad y sexo. Los mas mayores
nadaban de 4 a 5 kilómetros, siempre en paralelo con una escollera
del puerto para que las personas que habían ido a ver la competición
pudiesen animar durante el 100% del trayecto a sus nadadores
preferidos.
Muchos nadadores ya iban con el bañador puesto al
salir de casa. Si no, te tocaba cambiarte al aire libre bajo la
mirada de cientos de personas, ya que no había vestuarios. El gorro
de tela, que había que entregarlo cuando terminabas, era obligatorio
y si eras novato, te lo ponías sujeto al cuello con unas tiras de
tela muy incómodas, si no, te lo anudabas al bañador y santas
pascuas. Después de que todo el mundo estuviese correctamente
numerado en la piel con rotulador negro y embadurnado con protectores
para el sol, productos ajenos al mar, medusas y demás fauna
marítima, junto con las gafas de nado correspondientes, tocaba subir
al barco pesquero, que nos llevaba a nuestro punto de salida de la
prueba.
Dicho inicio, se realizaba en orden ascendente según
edad, siendo los pequeños los primeros en tirarse al agua por la
borda del barco, en cuanto sonaba la sirena de salida. Siempre había
alguien del club en cubierta para organizarlo todo, ya que solía
haber una mezcla de nadadores, que había que desenredar cual madeja
de hilo, para que hubiese un orden correcto de inicio de competición.
Si eras de los mas pequeños, la caída desde el
barco al agua, te parecía como saltar desde una trasatlántico. La
pirueta de salida la podías hacer subido desde la misma barandilla o
si el barco tenia una pequeña marquesina fuera del mismo, te
colocabas astutamente en la misma antes que nadie, para que la caída
fuese desde menos distancia y así perder menos tiempo.
Una vez te tirabas al agua del mar, debías seguir
una serie de boyas para no perder la tangente de la competición,
pero ya fuese que la propia brújula mental la tenías un poco
espachurrada ése día o porque otro tuviese ése mismo problema y te
empujara poco a poco a desviarte del camino, siempre había unas
lanchas de ayuda al nadador, para indicarle la dirección correcta.
Mientras nadabas podías encontrarte con multitud de
problemas, pero los que más cantidad te podían causar eran en
primer lugar, encontrarte con medusas, que las debías esquivar si no
querías recibir un picotazo doloroso. Hubo un años que se suspendió
la travesía al haber un banco de medusas bajo el barco, una de éstas
medusas, que debía ser el jefe de las mismas, con un diámetro del
tamaño de una paella para 25 comensales. Y el segundo problema del
nadador en el mar, eran los otros nadadores, que te empujaban,
pegaban y tiraban del tobillo del que les precedía, o el espécimen
mas irritante, el que se pegaba a tus plantas del pie y no dejaba de
tocarte dicha parte hasta que llegabas a meta.
Cuando terminabas, salias del agua escalando grandes
rocas de la escollera de meta y recibías un agradable manguerazo de
agua dulce y potable por parte del personal de un camión de bomberos
que nos esperaba amigablemente para quitarnos de encima del cuerpo,
todos los productos, olores y sabores que habíamos paladeado en la
travesía.
El ganador de la travesía podía contar
posteriormente sus peripecias que le habían llevado a lo alto del
podio, pero días después de la competición, los que de verdad
hacían corro para contar una buena historia, eran los que relataban
como, donde y cuanto, le había picado el bicho más grande que se
habían enfrentado en su vida, en las costas del mar Mediterráneo.
Arturo Liberos.
Arturo Liberos.
domingo, 12 de mayo de 2013
Corcheras
El verano en la piscina era especial. Cuando acababan las clases en el colegio tocaba doblar entrenamiento. Entrenes por la mañana y por la tarde.
Te levantabas pronto, desayunabas y caminito de la piscina. Llegábamos un poco pronto sólo para hablar de las películas o series que habíamos visto a la hora de la cena, "Yo Claudio", "Mis terrores favoritos", etc.
Todos esperábamos ver una pequeña cuartilla de papel donde, escrito con boli, estaba el ENTRENAMIENTO de la mañana. Tu mirada se iba al final de la misma... el total del entrene. The magic number.
Acabábamos todos los metros del menú y el ritual comenzaba. Quitar las corcheras de la piscina. Algunos de nosotros íbamos al final de la piscina, a la parte baja y gritábamos para que alguno nos desenganchara el nudo del otro extremo, quitábamos el gancho y a estirar. La corchera pasaba entre las piernas intentando coger velocidad. Pero de repente.... notabas que la corchera no salía tan deprisa y que a ti te costaba mucho tirar... alzabas la mirada y... algún espabilado/a cogido al otro extremo dejandose arrastrar cómodamente. Dejabas de estirar, pegabas un grito y algunas veces hacían caso y otras no.
El ritual de poner y quitar corcheras era curioso. Según si quitabas, era que habías acabado el entrene, si ponías quería decir que te faltaba un largo y duro entrene por delante.
Había un día especial, eran pocos, pero había un día que no poníamos corcheras para entrenar. Me encantaba entrenar a lo ancho de la piscina, todos en gran grupo y numerados. Sobre todo por que acabábamos con una AUSTRALIANA.
David Argente
miércoles, 1 de mayo de 2013
Las "australianas"
Las "australianas" eran una especie de prueba unisex que se realizaba ocasionalmente al final de una jornada matinal de entrenamiento. Depués de retirar las corcheras del agua, el juego consistía en realizar el trayecto de ida a lo ancho de la piscina, saliendo todos a la vez y el último que llegaba quedaba eliminado y no seguía nadando. Entre piscina y piscina se descansaba sólo unos pocos segundos, hasta que el silbato nos daba la salida de nuevo. Luego volvíamos en sentido contrario y el que llegaba en la posición útima quedaba fuera de concurso. Por supuesto ganaba el que permanecía hasta el final.
Normalmente se hacían en verano y si ése día habían muchos nadadores, empezábamos la competición de unos 70 a 100 nadadores, incluso más, ya que en alguna ocasión, abarcamos todo lo que era de largo la piscina llena de concursantes del que sólo podía ganar uno, idea que posteriormente alguien de la televisión nos copió para crear concursos tipo gran hermano. Fuimos pioneros de los reality shows sin quererlo.
A medida que las personas iban quedando eliminadas, se convertían inmediatamente después en espectadores y animadores de los, poco a poco, más cansados competidores que quedaban en el agua. Cuando sólo restaban media docena de sufridos nadadores la expectación era máxima, luego cinco, cuatro, tres y llegaba el momento más esperado. Dos contrincantes mano a mano, una piscina final. A 16 metros aproximadamente de la gloria...
Luego se acababa y nada. Alguien ganaba sin darle premio alguno. No íbamos todos a casa hasta el siguiente entrenamiento. Casi siempre ganaban los mismos, pero estoy totalmente seguro que si el trofeo final hubiese sido un bocata de calamares o un frigopié, algun@ que otr@ no habitual, habría ganado la competición.
Arturo Liberos.
Normalmente se hacían en verano y si ése día habían muchos nadadores, empezábamos la competición de unos 70 a 100 nadadores, incluso más, ya que en alguna ocasión, abarcamos todo lo que era de largo la piscina llena de concursantes del que sólo podía ganar uno, idea que posteriormente alguien de la televisión nos copió para crear concursos tipo gran hermano. Fuimos pioneros de los reality shows sin quererlo.
A medida que las personas iban quedando eliminadas, se convertían inmediatamente después en espectadores y animadores de los, poco a poco, más cansados competidores que quedaban en el agua. Cuando sólo restaban media docena de sufridos nadadores la expectación era máxima, luego cinco, cuatro, tres y llegaba el momento más esperado. Dos contrincantes mano a mano, una piscina final. A 16 metros aproximadamente de la gloria...
Luego se acababa y nada. Alguien ganaba sin darle premio alguno. No íbamos todos a casa hasta el siguiente entrenamiento. Casi siempre ganaban los mismos, pero estoy totalmente seguro que si el trofeo final hubiese sido un bocata de calamares o un frigopié, algun@ que otr@ no habitual, habría ganado la competición.
Arturo Liberos.
martes, 30 de abril de 2013
Formas de no realizar todo el Entrene
Voy a enumerar algunas de las que creo que hemos puesto en prácticas muchos de nostros:
Intentar tirarte al agua el último de todos. Podías hacer como que se te había olvidado algo en la mochila, preguntabas algo al entrenador y sin quererlo te daba conversación o la más utilizada, te atabas indefinidamente el cordón del bañador (las chicas lo tenían difícil). Cuando te lanzabas al agua seguro que quedaba menos calentamiento.
Me ha entrado flato. Durante las series, cuando ibas chupando rueda (pies) al compañero de delante y veías que no podías, parabas, ponías cara de haber comido limón y te apretabas el costado. Por lo menos una serie no la hacías.
Tengo que ir al wc. ¿Quién no ha ido en mitad de algún bloque de series a mear al wc para descansar?.
Soy una rémora. Los mejores eran los que se quedaban al otro lado de la piscina, aguantando debajo del agua para que no les vieran. Si pasabas de los primeros te saludaban con la mano y una sonrisa.
Se me ha desatado el bañador. Típica escusa para pelarte una serie y descansar mientras atabas y atabas y atabas....
Atajo, he encontrado un atajo. Cuando te dabas la vuelta quedando 10m para llegar al final de la piscina. Girabas con todo tu cuerpo cual anguila y como si no hubiera pasado nada.
Por último no acabar este post sin decir a quién no le han:
- Tocado los pies durante toda una serie?
- Quién no ha chocado con su mano contra otra mano o con la corchera y le ha dolido?
- Quién no se ha pegado un trago de agua que lo ha hecho parar en seco?
- Quién no ha cogido la mano a un compañero en las series de pies/corcho para impulsarse.?
- Quién no ha pasado sed entrenando?
- Quién no ha pasado hambre oliendo las cenas de los vecinos en la piscina descubierta en verano?. (en las últimas series de 50m a las 21:30).
- Quién no ha meado en la piscina durante un entrene?
En comentarios podéis añadir, que seguro que me he dejado muchas otras.
Salut i Metres
David Argente
En autobús
Cuando competíamos fuera de la provincia o alrededores, el club nos llevaba en autobús. Casi siempre salíamos en sábado, ya que no había clase y volvíamos el mismo día, pero tarde. Si el destino estaba muy alejado nos alojábamos en un hotel y volvíamos al día siguiente.
Quedábamos todos en el edificio 2000 de la gran vía Fernando El Católico, junto al colegio de los jesuitas y llegábamos allí a pié, en autobuses urbanos o en coche particular. En aquel tiempo no había metro y muchos de nosotros no lo habíamos visto en la vida.
A la hora indicada salíamos en dirección a la ciudad o pueblo que nos tocaba competir, habiendo tomado asiento dentro del autobús de un modo jerárquico. En el volante el chófer, a su lado o lo más cerca posible se sentaban Barra o Joáqui, que en caso de que el chófer se estuviese quedando dormido, le daban conversación y en ocasiones algún grito que otro. Detrás de ellos la directiva, luego los padres en general, en medio los nadadores más pequeños, tras estos los medianos y en la parte de atrás como si de una especia de zona vip se tratara, se sentaban los más mayores. Éstos últimos lo veían todo y a todos. Si te acercabas mucho a ésa parte de atrás sin invitación y no pertenecías a ésa clase social, te exponías a varios sucesos abochornantes o divertidos. Todo dependía del día y las personas.
Si no querías arriesgarte a meterme en algún problema, podías entretenerte por el camino contando chistes alrededor tuyo, jugar a la nintendo que alguien había llevado, oír música en tu walkman con la música que te habías preparado en un par de casetes, revisar los ceniceros de los brazos de los asientos o simplemente mirar el paisaje que te ofrecía la carretera.
En ocasiones, a mitad de camino, parábamos a almorzar o comer, entonces nos encontrábamos todos en el baño a la vez, armando el consiguiente jaleo. Luego nos tomábamos el bocata con el refresco correspondiente y al terminar subíamos de nuevo al autobús.
Nunca tuvimos ningún percance viajando de ésta manera, todos nos lo pasábamos pipa, nunca se quedó nadie olvidado al terminar de competir y de algún modo, todos volvíamos felices hubiésemos quedado primeros o últimos.
Arturo Liberos.
domingo, 28 de abril de 2013
Las 24 horas
Es sábado y la piscina no tiene el globo puesto porque es verano. El sol se encuentra ya algo bajo y a espaldas del trampolín olímpico, ya que son las 19.59 horas. Las gradas están abarrotadas, un nadador y una nadadora están preparados para lanzarse al agua desde el pódium de salida de las calles 1 y 2, en el momento que el reloj llegue a las 20.00 horas.Cuando suene el silbato de salida y empiecen a nadar, una traca será encendida entre las gradas y el agua. Los que están en el agua en ese momento no podrán escuchar totalmente el ruido que hace la pólvora al explotar, pero si verán a todo el público asistente aplaudir y animar el comienzo de una competición única, en la cual tus contrincantes no son los que nadan contigo ése mismo día, tus oponentes son siempre las generaciones anteriores. Deben nadar 24 chicos y 24 chicas, cada uno durante una hora exacta sin parar y haciendo el mayor número de metros posible.
Y durante 24 horas siguientes, mientras dos personas nadan cada hora, la piscina se sumerge en una frenética actividad constante de juegos, zambullidas, competiciones de futbol, baloncesto, frontón, preparativos de los nadadores siguientes, concurso de paellas, partidas de truc, más zambullidas, música al aire libre, sacos de dormir, desayunos, almuerzos de tortilla de patata, más comidas, siestas y pura diversión. Cuando a los nadadores les toca competir en la franja horaria que va desde las 02.00 a las 08.00, deben de amoldarse al cansancio que acumula tal cantidad de jolgorio.
La prueba termina al día siguiente a la misma hora, las 20.00 y se volverá a tirar de nuevo otra traca en el mismo sitio pero en dirección contraria, que anuncia a todo el mundo el final de un fin de semana, que todos hemos estado esperando durante un año y estará en boca de todos durante los 365 días siguientes, por todas las anécdotas y situaciones que vivimos, sólo, en 24 horas de un fin de semana de verano.
Arturo Liberos.
Nuestra querida piscina del club Ferca San José
Aún recuerdo las distintas sensaciones que sentía cuando me aproximaba a nuestra querida piscina. Algunas veces andando por la ruta inamovible de mi casa a la piscina (Con mi madre cuando era muy pequeño, con mis hermanas cuando era pequeño y por último yo sólo cuando me creía ya mayor) y otras veces, por la ruta inamovible en el coche de mi padre. Sensaciones muy distintas según el día, la época y sobre todo según mis compañeros de fatigas. Siempre tenía ganas de ir por esto último, ver a mis amigos y amigas del club.
Fui de los privilegiados que han visto el paso del tiempo de aquel recinto deportivo y sobre todo social, donde se han vivido toda clase de historias de lo que significa la vida en todos sus sentidos.
Crecí buceando y escribiendo nombres en el musgo que se impregnaba en los fondos de la piscina, oliendo el cloro en estado puro, lanzándome progresivamente, según mi valentía, de las distintas alturas del grandioso trampolín olímpico que coronaba la pileta. He crecido intentando cazar patos y anguilas con las manos en la piscina pequeña, que siempre, por alguna extraña razón, el agua estaba caliente. Pero sobre todo crecí entre mis mejores amigos y compañeros que me enseñaron mucho de lo que sé y de lo que soy.
Gracias a tod@s.
Salut i metres
David Argente
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