miércoles, 19 de junio de 2013

De Bañadores y Trajes de Baño

En la larga vida de todo nadador hay un amigo fiel que está supeditado a las modas, el desgaste e incluso a la motivación a la hora de entrenar o competir. Es nuestro querido bañador o como los antiguos llamaban traje de baño.
Este artilugio indispensable está sujeto a muchos factores en la vida cotidiana del deportista. En los inicios de mi época de nadador activo no había el mercado tan extenso que hay ahora. Las marcas conocidas no sacaban muchos modelos y tener dos bañadores era una especie de lujo.


                                                               Las modas vuelven.



Recuerdo que los bañadores tenían una larga vida. Entrenabas con el más viejo que tuvieras hasta que se caía a pedazos. Cuando estaba muy pasado por el cloro, te ponías otro encima aún más desgastado, ibas con doble capa. Esto suponía dos cordones que atar y un suplemento en el arrastre a la hora de entrenar.

Uno de mis recuerdos especiales de mis inicios en el mundo de la competición era que en mi familia teníamos un ritual. El mismo día de una competición importante íbamos a una tienda de deporte (que no había muchas) y me compraban un bañador Nuevo. En mis largas conversaciones sobre estos recuerdos de niñez natatoria, mi amigo Arturo (coautor de este magnífico Blog) comentaba como ibas a la tienda, te probabas tres o cuatro bañadores y con cada uno de ellos salías en mitad de la tienda para que tu madre o padre diera el visto bueno de como te quedaba el bañador. Sin pudor alguno.

                                                Burguete, Bolinches, Ferrer y Ona

Por la tarde, a la hora de la competición, en el calentamiento previo, te ponías los bañadores viejos. Te cambiabas y te ponías tu flamante bañador nuevo y seco para esperar la hora de tu prueba.
Psicológicamente, competir con un bañador nuevo, era un refuerzo positivo. Este bañata te lo ponías sólo en los grandes eventos, hasta que poco a poco iba envejeciendo por el desgaste y pasaba a tu bolsa de entrenamiento y se emparejaba con uno igual o más estropeado.

Ahora hay un amplio abanico de marcas y modelos de bañadores. Más caros y más económicos. Más resistentes y menos. Pero yo siempre recordaré a mis trajes de baño que me acompañaron en mis deslizamientos por muchas piletas de toda la geografía española.


David Argente

PD: Las fotos son de antiguos nadadores del Ferca San Jose.

miércoles, 5 de junio de 2013

La travesía del puerto

Lo primero que percibías nada mas llegar al puerto era el olor inconfundible a mar, aceite industrial, gasóleo de barco y un poco de pescado. Todo el mundo sentía como ese característico aroma penetraba dentro de cada uno de nosotros y que ayudaba, a que una vez que subíamos al barco, se convertiese en ocasiones, en un pequeño mareo.

Esta curiosa competición, que aun se realiza, era siempre en verano y consistía en nadar sin parar una cantidad de metros específica que variaba según edad y sexo. Los mas mayores nadaban de 4 a 5 kilómetros, siempre en paralelo con una escollera del puerto para que las personas que habían ido a ver la competición pudiesen animar durante el 100% del trayecto a sus nadadores preferidos.

Muchos nadadores ya iban con el bañador puesto al salir de casa. Si no, te tocaba cambiarte al aire libre bajo la mirada de cientos de personas, ya que no había vestuarios. El gorro de tela, que había que entregarlo cuando terminabas, era obligatorio y si eras novato, te lo ponías sujeto al cuello con unas tiras de tela muy incómodas, si no, te lo anudabas al bañador y santas pascuas. Después de que todo el mundo estuviese correctamente numerado en la piel con rotulador negro y embadurnado con protectores para el sol, productos ajenos al mar, medusas y demás fauna marítima, junto con las gafas de nado correspondientes, tocaba subir al barco pesquero, que nos llevaba a nuestro punto de salida de la prueba.

Dicho inicio, se realizaba en orden ascendente según edad, siendo los pequeños los primeros en tirarse al agua por la borda del barco, en cuanto sonaba la sirena de salida. Siempre había alguien del club en cubierta para organizarlo todo, ya que solía haber una mezcla de nadadores, que había que desenredar cual madeja de hilo, para que hubiese un orden correcto de inicio de competición.

Si eras de los mas pequeños, la caída desde el barco al agua, te parecía como saltar desde una trasatlántico. La pirueta de salida la podías hacer subido desde la misma barandilla o si el barco tenia una pequeña marquesina fuera del mismo, te colocabas astutamente en la misma antes que nadie, para que la caída fuese desde menos distancia y así perder menos tiempo.

Una vez te tirabas al agua del mar, debías seguir una serie de boyas para no perder la tangente de la competición, pero ya fuese que la propia brújula mental la tenías un poco espachurrada ése día o porque otro tuviese ése mismo problema y te empujara poco a poco a desviarte del camino, siempre había unas lanchas de ayuda al nadador, para indicarle la dirección correcta.

Mientras nadabas podías encontrarte con multitud de problemas, pero los que más cantidad te podían causar eran en primer lugar, encontrarte con medusas, que las debías esquivar si no querías recibir un picotazo doloroso. Hubo un años que se suspendió la travesía al haber un banco de medusas bajo el barco, una de éstas medusas, que debía ser el jefe de las mismas, con un diámetro del tamaño de una paella para 25 comensales. Y el segundo problema del nadador en el mar, eran los otros nadadores, que te empujaban, pegaban y tiraban del tobillo del que les precedía, o el espécimen mas irritante, el que se pegaba a tus plantas del pie y no dejaba de tocarte dicha parte hasta que llegabas a meta.

Cuando terminabas, salias del agua escalando grandes rocas de la escollera de meta y recibías un agradable manguerazo de agua dulce y potable por parte del personal de un camión de bomberos que nos esperaba amigablemente para quitarnos de encima del cuerpo, todos los productos, olores y sabores que habíamos paladeado en la travesía.

El ganador de la travesía podía contar posteriormente sus peripecias que le habían llevado a lo alto del podio, pero días después de la competición, los que de verdad hacían corro para contar una buena historia, eran los que relataban como, donde y cuanto, le había picado el bicho más grande que se habían enfrentado en su vida, en las costas del mar Mediterráneo.

Arturo Liberos.

domingo, 12 de mayo de 2013

Corcheras

El verano en la piscina era especial. Cuando acababan las clases en el colegio tocaba doblar entrenamiento. Entrenes por la mañana y por la tarde.

Te levantabas pronto, desayunabas y caminito de la piscina. Llegábamos un poco pronto sólo para hablar de las películas o series que habíamos visto a la hora de la cena, "Yo Claudio", "Mis terrores favoritos", etc.
Todos esperábamos  ver una pequeña cuartilla de papel donde, escrito con boli, estaba el ENTRENAMIENTO de la mañana. Tu mirada se iba al final de la misma... el total del entrene. The magic number.

Acabábamos todos los metros del menú y el ritual comenzaba. Quitar las corcheras de la piscina. Algunos de nosotros íbamos al final de la piscina, a la parte baja y gritábamos para que alguno nos desenganchara el nudo del otro extremo, quitábamos el gancho y a estirar. La corchera pasaba entre las piernas intentando coger velocidad. Pero de repente.... notabas que la corchera no salía tan deprisa y que a ti te costaba mucho tirar... alzabas la mirada y... algún espabilado/a cogido al otro extremo dejandose arrastrar cómodamente. Dejabas de estirar, pegabas un grito y algunas veces hacían caso y otras no.

El ritual de poner y quitar corcheras era curioso. Según si quitabas, era que habías acabado el entrene, si ponías quería decir que te faltaba un largo y duro entrene por delante.

Había un día especial, eran pocos, pero había un día que no poníamos corcheras para entrenar. Me encantaba entrenar a lo ancho de la piscina, todos en gran grupo y numerados. Sobre todo por que acabábamos con una AUSTRALIANA.

David Argente

miércoles, 1 de mayo de 2013

Las "australianas"

Las "australianas" eran una especie de prueba unisex que se realizaba ocasionalmente al final de una jornada matinal de entrenamiento. Depués de retirar las corcheras del agua, el juego  consistía en realizar el trayecto de ida a lo ancho de la piscina, saliendo todos a la vez y el último que llegaba quedaba eliminado y no seguía nadando. Entre piscina y piscina se descansaba sólo unos pocos segundos, hasta que el silbato nos daba la salida de nuevo. Luego volvíamos en sentido contrario y el que llegaba en la posición útima quedaba fuera de concurso. Por supuesto ganaba el que permanecía hasta el final.

Normalmente se hacían en verano y si ése día habían muchos nadadores, empezábamos la competición de unos 70 a 100 nadadores, incluso más, ya que en alguna ocasión, abarcamos todo lo que era de largo la piscina llena de concursantes del que sólo podía ganar uno, idea que posteriormente alguien de la televisión nos copió para crear concursos tipo gran hermano. Fuimos pioneros de los reality shows sin quererlo.

A medida que las personas iban quedando eliminadas, se convertían inmediatamente después en espectadores y animadores de los, poco a poco, más cansados competidores que quedaban en el agua. Cuando sólo restaban media docena de sufridos nadadores la expectación era máxima, luego cinco, cuatro, tres y llegaba el momento más esperado. Dos contrincantes mano a mano, una piscina final. A 16 metros aproximadamente de la gloria...

Luego se acababa y nada. Alguien ganaba sin darle premio alguno. No íbamos todos a casa hasta el siguiente entrenamiento. Casi siempre ganaban los mismos, pero estoy totalmente seguro que si el trofeo final hubiese sido un bocata de calamares o un frigopié, algun@ que otr@ no habitual, habría ganado la competición.

Arturo Liberos.

martes, 30 de abril de 2013

Formas de no realizar todo el Entrene

Voy a enumerar algunas de las que creo que hemos puesto en prácticas muchos de nostros:

Intentar tirarte al agua el último de todos. Podías hacer como que se te había olvidado algo en la mochila, preguntabas algo al entrenador y sin quererlo te daba conversación o la más utilizada, te atabas indefinidamente el cordón del bañador (las chicas lo tenían difícil). Cuando te lanzabas al agua seguro que quedaba menos calentamiento.

Me ha entrado flato. Durante las series, cuando ibas chupando rueda (pies) al compañero de delante y veías que no podías, parabas, ponías cara de haber comido limón y te apretabas el costado. Por lo menos una serie no la hacías.

Tengo que ir al wc. ¿Quién no ha ido en mitad de algún bloque de series a mear al wc para descansar?

Soy una rémora. Los mejores eran los que se quedaban al otro lado de la piscina, aguantando debajo del agua para que no les vieran. Si pasabas de los primeros te saludaban con  la mano y una  sonrisa.

Se me ha desatado el bañador. Típica escusa para pelarte una serie y descansar mientras atabas y atabas y atabas....

Atajo, he encontrado un atajo. Cuando te dabas la vuelta quedando 10m para llegar al final de la piscina. Girabas con todo tu cuerpo cual anguila y como si no hubiera pasado nada.

Por último no acabar este post sin decir a quién no le han:
  • Tocado los pies durante toda una serie?
  • Quién no ha chocado con su mano contra  otra mano o con la corchera y le ha dolido?
  • Quién no se ha pegado un trago de agua que lo ha hecho parar en seco?
  • Quién no ha cogido la mano a un compañero en las series de pies/corcho para impulsarse.?
  • Quién no ha pasado sed entrenando?
  • Quién no ha pasado hambre oliendo las cenas de los vecinos en la piscina descubierta  en verano?. (en las últimas series de 50m a las 21:30).
  • Quién no ha meado en la piscina durante un entrene?
En comentarios podéis añadir, que seguro que me he dejado muchas otras.

Salut i Metres

David Argente