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martes, 9 de julio de 2013

La entrega de trofeos

Una vez al año se celebraba la entrega de trofeos correspondientes a los logros que cada uno había conseguido el año anterior. La ceremonia se hizo en distintos lugares, pero el más emblemático era el salón de actos del colegio de los jesuitas, que era donde nuestra club tenia su sede social y piscina.

Los preparativos para tan magno evento se estudiaban por parte de cada uno de nosotros y que en su mayor parte consistía en escoger, con semanas de antelación, una buena vestimenta para la ocasión. Ni que decir tiene, que siendo los años 70 y 80, década más o menos, nuestra apariencia se semejaba muy de cerca a la de pequeños “Ninos Bravos” y pequeñas “MariTrinis” sin olvidar a Demis Ruossos o a Mocedades, en los años 70 y en la de los 80 intentando vestir como Alaska y dinarama, Miguel Rios, Hombres G o Loquillo y los trogloditas.

Antes de entrar al salón de actos, llegábamos al aparcamiento del colegio y se creaban corros en el que se charlaba un poco de la ropa que lucíamos cada uno y otros asuntos del día.

Una vez dentro del salón, nos acomodábamos en “manadas” bien definidas con el criterio de edad y género.

Dicha entrega de premios, no se realizaba únicamente a nadadores. También subían a recoger su premio, los ganadores de frontón, “futbito” y truc, además de las madres o padres ganadores del concurso de paellas, celebrados con el mismo esfuerzo e ilusión que las demás competiciones oficiales.

Para que la persona que tenía que subir al escenario a recoger su trofeo supiese cuando hacerlo, había siempre un miembro de la directiva del club, que micrófono en mano, nos llamaba paulatinamente, según competición e importancia de la misma, siendo siempre llamados en último lugar con un tono más solemne y pausado, los que habían realizado algún record del club, regional o de españa, o quedado en primer lugar en competiciones nacionales o internacionales.

En el momento que anunciaban tu nombre, sabias que decenas de personas ponían la vista sobre tí y si durante el trayecto de ida y vuelta a tu butaca, cometías el grave error de tropezar, resbalar o hacer alguna metedura de pata con tu trofeo, las risillas estaban aseguradas, tanto como el color rojizo de tu cara o tu cerebro pensando amargamente...”tierra trágame”.

Una vez finalizado el acto de entrega de trofeos, nos dirigiamos a comer a un restaurante contratado con anterioridad para acoger a la mayoría de personas que habíamos asistido y si teníamos suerte y resultaba ser un restaurante bufé libre, se solían hacer competiciones de platos vacíos, cosa que asombraba y divertía a todos, a partes iguales.

Como muchos otros eventos que se realizaban únicamente una vez al año, la entrega de trofeos siempre creaba expectación dentro del club y afortunadamente era uno de los actos más fotografiados. Ha pasado media vida desde que nos entregaron esos premios. Algunos descansan en cajas o sobre algún sitio de honor de la casa. Nos sentimos muy orgullosos de ellos. No olvidamos que nos fueron entregados en aquellos maravillosos años.

Arturo Liberos.

martes, 30 de abril de 2013

Formas de no realizar todo el Entrene

Voy a enumerar algunas de las que creo que hemos puesto en prácticas muchos de nostros:

Intentar tirarte al agua el último de todos. Podías hacer como que se te había olvidado algo en la mochila, preguntabas algo al entrenador y sin quererlo te daba conversación o la más utilizada, te atabas indefinidamente el cordón del bañador (las chicas lo tenían difícil). Cuando te lanzabas al agua seguro que quedaba menos calentamiento.

Me ha entrado flato. Durante las series, cuando ibas chupando rueda (pies) al compañero de delante y veías que no podías, parabas, ponías cara de haber comido limón y te apretabas el costado. Por lo menos una serie no la hacías.

Tengo que ir al wc. ¿Quién no ha ido en mitad de algún bloque de series a mear al wc para descansar?

Soy una rémora. Los mejores eran los que se quedaban al otro lado de la piscina, aguantando debajo del agua para que no les vieran. Si pasabas de los primeros te saludaban con  la mano y una  sonrisa.

Se me ha desatado el bañador. Típica escusa para pelarte una serie y descansar mientras atabas y atabas y atabas....

Atajo, he encontrado un atajo. Cuando te dabas la vuelta quedando 10m para llegar al final de la piscina. Girabas con todo tu cuerpo cual anguila y como si no hubiera pasado nada.

Por último no acabar este post sin decir a quién no le han:
  • Tocado los pies durante toda una serie?
  • Quién no ha chocado con su mano contra  otra mano o con la corchera y le ha dolido?
  • Quién no se ha pegado un trago de agua que lo ha hecho parar en seco?
  • Quién no ha cogido la mano a un compañero en las series de pies/corcho para impulsarse.?
  • Quién no ha pasado sed entrenando?
  • Quién no ha pasado hambre oliendo las cenas de los vecinos en la piscina descubierta  en verano?. (en las últimas series de 50m a las 21:30).
  • Quién no ha meado en la piscina durante un entrene?
En comentarios podéis añadir, que seguro que me he dejado muchas otras.

Salut i Metres

David Argente

domingo, 28 de abril de 2013

Nuestra querida piscina del club Ferca San José

Aún recuerdo las distintas sensaciones que sentía cuando me aproximaba a nuestra querida piscina. Algunas veces andando por la ruta inamovible de mi casa a la piscina (Con mi madre cuando era muy pequeño, con mis hermanas cuando era pequeño y por último yo sólo cuando me creía ya mayor) y otras veces, por la ruta inamovible en el coche de mi padre.

Sensaciones muy distintas según el día, la época y sobre todo según mis compañeros de fatigas. Siempre tenía ganas de ir por esto último, ver a mis amigos y amigas del club.

Fui de los privilegiados que han visto el paso del tiempo de aquel recinto deportivo y sobre todo social, donde se han vivido toda clase de historias de lo que significa la vida en todos sus sentidos.

Crecí buceando y escribiendo nombres en el musgo que se impregnaba en los fondos de la piscina, oliendo el cloro en estado puro, lanzándome progresivamente, según mi valentía, de las distintas alturas del grandioso trampolín olímpico que coronaba la pileta. He crecido intentando cazar patos y anguilas con las manos en la piscina pequeña, que siempre, por alguna extraña razón, el agua estaba caliente. Pero sobre todo crecí entre mis mejores amigos y compañeros que me enseñaron mucho de lo que sé y de lo que soy.

Gracias a tod@s.

Salut i metres

David Argente